1. Acotaciones teóricas y metodológicas a la encuesta sobre los hábitos deportivos de la población española 2005

1. Acotaciones teóricas y metodológicas a la encuesta sobre los hábitos deportivos de la población española 2005


1.1.    Introducción


Los resultados de la encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en la primavera de 2005, por encargo del Consejo Superior de Deportes (CSD), sobre los hábitos deportivos de los españoles, constituyen el núcleo central del presente estudio que trata de ofrecer una imagen, lo más precisa posible, de los comportamientos deportivos, así como de las actitudes, opiniones y valores en torno al deporte, de la población española de ambos sexos de 15 a 74 años.

El estudio llevado a cabo utiliza básicamente los mismos o similares indicadores que los que se han venido utilizando desde la primera encuesta realizada por el CIS en 1980 sobre este mismo tema, encuesta que se ha repetido desde entonces cada cinco años, dirigidas siempre por el autor de este estudio. Si recordamos que en el año 1975, por encargo de la Delegación Nacional de Educación Física y Deporte, antecedente durante el franquismo del actual CSD, se llevó a cabo la primera encuesta sistemática, de alcance nacional, con el fin de conocer “los niveles de interés por el deporte y práctica deportiva de la población española, así como el estado de opinión sobre diversos aspectos relacionados con la educación física y el deporte en España”, nos encontramos con que los resultados de la presente encuesta correspondiente el año 2005 permiten conocer, con el rigor que ofrecen las encuestas que realiza el CIS, la evolución de las prácticas deportivas de la población española en el último cuarto del siglo XX y en estos comienzos del siglo XXI.

Desde que se realizara la encuesta correspondiente al año 1995, estos estudios sobre los hábitos deportivos de los españoles vienen siendo incluidos en las operaciones estadísticas del Plan Estadístico Nacional. Además, tanto la encuesta del año 2000 como la presente encuesta del año 2005 se han integrado en el proyecto europeo COMPASS, en el que participan los servicios nacionales de estadística y otros organismos públicos de investigación deportiva de los principales países europeos. Un proyecto cuyo objetivo principal es el de establecer un marco comparativo sobre la participación deportiva en la Unión Europea, utilizando idénticos conceptos teóricos e instrumentos metodológicos (Gratton, 1999), lo que permitirá evitar en el futuro que en cada país se utilicen formas distintas de definir y medir lo que se entiende por práctica deportiva y otros comportamientos sociales relacionados con el asociacionismo deportivo.

En el presente trabajo, se comparan los resultados de la encuesta realizada en 2005 con los resultados de la anterior encuesta de 2000, y, para determinados indicadores, con los resultados de las encuestas anteriores, interpretándolos en el marco del cambio social que ha tenido lugar en las dos últimas décadas en la España de las Autonomías, durante las cuales la economía española ha sido una de las más dinámicas de la Unión Europea, lo que ha favorecido la activación de una fuerte corriente inmigratoria que en el plano demográfico ha venido a compensar la baja natalidad española, la más baja, junto con la italiana, de toda Europa. Un dinamismo económico que ha favorecido por un lado, la construcción de nuevos equipamientos deportivos, de los que tan necesitados ha estado durante muchos años el sistema deportivo español, lo que ha sido indudablemente un factor de estímulo para la expansión del deporte popular, mientras que por otro lado, la nueva riqueza que ha ido acumulando en su conjunto la sociedad española ha favorecido el desarrollo del deporte de alto nivel y, especialmente, del deporte espectáculo, que en el caso del fútbol ha convertido la liga española en una de las “más caras” del mundo, con una política de fichajes de jugadores estrella que ha disparado hasta cotas casi inimaginables los presupuestos de las sociedades anónimas deportivas de fútbol.

Cabe preguntarse ahora de qué manera pueden estar influenciando estos y otros factores de cambio a los hábitos deportivos de los españoles. Por lo que respecta al deporte de alto nivel, el deporte español ha continuado disfrutando en la última década de un dinamismo que tuvo su mayor impulso con el éxito organizativo de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, en los que la participación española fue tan excelente que situó al deporte español de alta competición entre la elite mundial. Desde entonces, muchos deportistas españoles han venido manteniendo resultados de una brillantez tal que era impensable cuando se iniciaron hace tres décadas las encuestas que venimos estudiando.

Una brillantez de resultados a la que está contribuyendo en los últimos años la creciente nacionalización de deportistas de origen extranjero o, simplemente, su incorporación por periodos más o menos largos a la disciplina de equipos españoles de fútbol, baloncesto, balonmano, atletismo y otros deportes. Resulta difícil precisar cuál está siendo el impacto de este proceso de internacionalización del deporte español de alto nivel en las prácticas deportivas de los españoles, más allá de su consumo de espectáculos deportivos en directo o, lo que es más frecuente, a través de la televisión. Pero en todo caso es algo a tener en cuenta por lo que parece oportuno, antes de que procedamos a la presentación de los resultados de la encuesta de 2005, que nos detengamos a reflexionar brevemente sobre las características de los procesos de cambio social que están incidiendo de forma determinante en la transformación del propio sistema deportivo, unos procesos que desde la óptica sociológica se vienen caracterizando como avances, con frecuencia rápidos e intensos, de los procesos globalizadores y de la posmodernidad.

1.2.    Globalización, posmodernidad y deporte

En la interpretación de los resultados de la presente encuesta, se mantiene la misma línea de pensamiento teórico con que se realizó la primera encuesta, teóricamente fundamentada, sobre los hábitos deportivos de los españoles en 1980, esto es, que el deporte contemporáneo es un fenómeno social que viene acompañando a las sociedades modernas desde los inicios de la Revolución Industrial en la Gran Bretaña de comienzos del siglo XIX, para difundirse seguidamente al resto de las sociedades europeas y otros países de industrialización temprana en la segunda mitad de dicho siglo y comienzos del siglo XX.

Desde este núcleo original, el deporte se ha ido difundiendo a lo largo del siglo XX al resto de países de prácticamente todo el mundo, a medida que los procesos de urbanización e industrialización han ido transformando el tejido social de todos ellos, convirtiendo de paso al sistema social del deporte en parte constitutiva y definidora del nuevo tejido social de las sociedades contemporáneas.

Las propias contingencias del avance de la modernidad industrial y urbana han ido modelando sistemas deportivos específicos en cada sociedad, determinantes de comportamientos deportivos locales-nacionales concretos y diferenciados de otras sociedades, siempre sobre la base común de los elementos esenciales de todo deporte en tanto que actividad física y humana, de naturaleza más o menos competitiva, gobernada por reglas con diferente grado de institucionalización y formalización (García Ferrando, 1990: 31).

Los resultados obtenidos en la serie de encuestas sobre los hábitos deportivos de los españoles, han ido permitiendo conocer la evolución, en estas tres últimas décadas, del sistema deportivo en España a medida que el propio avance del proceso democrático y modernizador ha permitido integrar plenamente a la sociedad española en el marco institucional de la Unión Europea. Un sistema deportivo que, obviamente, tiene sus bases en las instituciones y comportamientos deportivos que se fueron desarrollando a lo largo de las tres largas décadas de régimen franquista, lo que le confiere al actual sistema deportivo unas características específicas dentro del deporte europeo.

1.2.1.    La transformación globalizadora y compleja del deporte

En estos comienzos del siglo XXI, el deporte se utiliza frecuentemente como un ejemplo obvio y metafórico de los procesos que acompañan al avance de los procesos de globalización. Y es que si se entiende la globalización como algo que se refiere a fenómenos de gran escala de naturaleza humana homogeneizadora, se puede afirmar en efecto que el deporte, en sus variadas formas y organizaciones, derrocha globalización por todas partes, bien sea en el número de deportistas o de espectadores, en el de equipos nacionales deportivos que participan en los Juegos Olímpicos y en los campeonatos del mundo de los deportes más populares, en las cifras de negocios que movilizan las industrias de equipamiento, de materiales deportivos y las cada vez más frecuentes actividades de patrocinio y publicidad que tienen en el deporte su soporte fundamental, o en el número de practicantes que realizan actividades físico-deportivas como entretenimiento o salud (Cagigal, 1981; García Ferrando, 2003). Y tal como hemos señalado anteriormente, el deporte español de alta competición se encuentra cada vez más integrado en el correspondiente sistema deportivo mundial.

Por lo que se refiere a las prácticas deportivas de los ciudadanos, la encuesta correspondiente al año 2000 permitió acotar las grandes coordenadas de los hábitos deportivos de la población española: la práctica de deporte y el seguimiento del deporte espectáculo se encuentran entre las diez actividades de tiempo libre realizadas con mayor frecuencia; el 60% manifestaba estar muy o bastante interesado por el deporte, en tanto que el restante 40% parece poco o nada interesado. En comparación con los resultados de la encuesta de 1990 se registra un descenso en el grado de interés, pues en aquella ocasión los interesados por el deporte alcanzaban el 65%, lo que se interpretó como expresión de un rechazo de parte del público ante la creciente presencia en los medios de comunicación y en la propia vida cotidiana del deporte espectáculo que había tenido lugar a lo largo de la década de los años 90 del pasado siglo.
 El porcentaje de practicantes, con un 38%, es ligeramente superior al de 1990, el 35%, pero inferior al de la encuesta de 1995, el 39%. Se trata de porcentajes de práctica inferiores a los valores medios de práctica de los países de la Unión Europea, en torno al 45-50%, a los que parece no se pueda alcanzar a corto plazo, dado el estancamiento de la práctica deportiva que registraron las últimas encuestas.
Al combinar los resultados de interés y satisfacción de la población con la práctica deportiva en el periodo 1990-2000, es de destacar que la categoría más numerosa es la constituida por personas interesadas por el deporte, que lo han practicado con anterioridad, pero que en el momento de realización de la encuesta ya no practican, el 27% en 2000 y el 26% en 1990. Porcentajes que contrastan con los correspondientes a los interesados que practican suficiente deporte, el 16% en 2000 y el 15% en 1990, y los interesados que no practican tanto como quisieran, el 20% en ambas encuestas. Se trata de resultados que revelan comportamientos sociales en torno al   deporte que tienen una cierta estabilidad estructural, y es que en una sociedad tan dinámica y móvil como la española de finales del siglo XX, la dualidad practica o no practica deporte no es suficientemente flexible para describir el dinamismo de los hábitos deportivos de los españoles, que siguen itinerarios deportivos determinados por circunstancias ocupacionales y familiares que conducen con frecuencia a practicar más o menos deporte e incluso a abandonarlo, de forma temporal en muchos casos, siguiendo los cambios en las referidas situaciones personales y familiares.

Aunque en términos cuantitativos se ha producido un estancamiento en las prácticas deportivas de la población española en el periodo 1990-2000, en términos cualitativos sí se puede hablar de mejoras: incremento de la práctica regular y descenso de la práctica esporádica, mejoras en la disponibilidad de equipamientos polideportivos de carácter público y privado, ligero incremento del asociacionismo deportivo, y mejora en el equipamiento deportivo de los hogares españoles como consecuencia del generalizado incremento en el nivel de bienestar material.

Además, el evidente incremento de la vertiente espectacular del deporte de alto nivel y del deporte profesional en España, ha venido acompañado en la última década del siglo XX de una apertura del sistema social deportivo, en el sentido de un incremento de la diversificación y personalización de las actividades físicas y deportivas de una población practicante cada vez más plural en términos de sexo, edad y condición socioeconómica. A esta dimensión de apertura del sistema social del deporte ha contribuido la continuidad de los esfuerzos de las Administraciones Públicas, especialmente de los Ayuntamientos, por mejorar la oferta pública de equipamientos, actividades e iniciativas deportivas.

Pese a estas mejoras, la población española, de forma mayoritaria, viene reclamando en las últimas encuestas un mayor apoyo oficial al deporte para todos, ya que percibe que es el deporte de alto nivel el que recibe la parte más sustanciosa de este apoyo oficial, en detrimento del que se dirige a dar apoyo al deporte popular. Un apoyo al que deben sumarse los medios de comunicación, especialmente la televisión, pues al igual que ocurre en otros países europeos, se tiende a minusvalorar la popularidad creciente de las actividades físicas y deportivas de la población en general. Y es que tal como señalaba recientemente el sociólogo francés Michel Jamet al referirse a la situación de las prácticas deportivas populares en Francia, existe un elevado desajuste entre la realidad más visible del deporte de competición convertido en el espectáculo de masas más importante, y la realidad más modesta y menos visible, pero íntimamente relacionada con el bienestar de las personas, del deporte popular, ya que una parte importante de los practicantes de actividades físicas y deportivas las realizan por motivos de salud, recreación e integración en redes sociales de proximidad (Jamet, 1998: 185).

Es evidente que las prácticas físico-deportivas más populares, tales  como el paseo a pie o en bicicleta, la carrera a pie o jogging, la natación recreativa o las actividades que se realizan en sus múltiples variantes en espacios públicos, no necesitan movilizar recursos colectivos o de afiliaciones a organizaciones deportivas. En realidad, como señala Michel Jamet, se trata de un tipo de prácticas que corresponde a elecciones privadas, propias de ciudadanos de sociedades avanzadas y posmodernas como lo son todas las sociedades europeas, pero que consideradas en su conjunto, por la gran cantidad de personas que las practican -casi once millones de practicantes en España según los datos de la encuesta del año 2000-, son lo suficientemente importantes y populares como para cuestionar la hegemonía del deporte de alta competición y profesional que proyecta y magnifica su presencia, de manera cotidiana, repetitiva e insistente, a través de los principales medios de comunicación de masas, esto es, prensa, radio y televisión.

Por eso continúa siendo tan sugerente la propuesta de Puig y Heinemann (1991) de concebir el deporte contemporáneo, y además posmoderno y global, podríamos añadir nosotros en la actualidad, como un sistema abierto. Un sistema que se contrapone al modelo de deporte tradicional federado, heredero de las prácticas deportivas de las elites inglesas y de otros países centroeuropeos continentales, que consiguió delimitar un espacio social bien acotado por clubes deportivos excluyentes y reglamentaciones estrictas, emanadas de unas federaciones que gozaban, y en cierto modo todavía lo hacen, de una alta capacidad de gestión. Un deporte que, en consecuencia, significa ante todo competitividad y orientación al logro.

Pero como es evidente, la situación ha cambiado radicalmente en las sociedades avanzadas contemporáneas. La población que hace deporte y las organizaciones deportivas que promueven y acogen su práctica, ya no se ajustan al perfil del deporte federado y de club tradicional, ya que junto al modelo competitivo de deporte heredero directo del anterior, cabe encontrar otros tres modelos: a) las prácticas deportivas poco organizadas y sometidas a procesos constantes de innovación y diversificación, como por ejemplo los llamados deportes californianos y los de aventura en la naturaleza (modelo expresivo en la propuesta de Puig y Heinemann); b) las prácticas asociadas a empresas comerciales que cuentan con máquinas sofisticadas para el cultivo del cuerpo (modelo instrumental); y c) el abigarrado complejo social de practicantes y seguidores que gira alrededor del espectáculo deportivo, auténtico protagonista del deporte en los medios de comunicación de masas (modelo espectáculo).

1.2.2.    Lo local y lo cotidiano en el deporte contemporáneo

La encuesta sobre los hábitos deportivos de los españoles de 2005, al igual que las restantes encuestas de la serie, tienen una finalidad claramente empírica. Más que realizar disquisiciones teóricamente especulativas, ideológicas o ensayísticas sobre el deporte en España, las encuestas han ido ofreciendo, a lo largo de las tres últimas décadas, resultados sociográficos sobre los porcentajes de población española que realiza actividades físico-deportivas, sobre los equipamientos deportivos que se utilizan, el grado de organización y afiliación a asociaciones deportivas, sobre los motivos que subyacen en estos comportamientos, y sobre las aspiraciones y necesidades en materia deportiva y recreativa.

En otras palabras, la investigación sociológica llevada a cabo ha tenido una orientación local-nacional al referir el estudio de los hábitos deportivos a un marco social concreto. Por ello, en estos comienzos del siglo XXI en que tanto se habla de globalización y las vidas de los ciudadanos se encuentran cada vez más influenciadas por el efecto del avance de los procesos globalizadores, reviste un gran interés teórico el cuestionamiento que vienen realizando algunos sociólogos del deporte sobre el carácter pretendidamente globalizador que revisten tanto las grandes manifestaciones mediáticas del deporte, como las variadas formas que tienen los ciudadanos, considerados local o nacionalmente, de relacionarse con el sistema deportivo (Greenfeld, 1992; Maguire, 1993; Donnelly, 1996; Silk, 1999; Roche, 1999; Chung, 2003; García Ferrando, 2005). Incluso se ha llegado a interpretar que la propia evolución del deporte en el mundo contemporáneo es, más bien al contrario, una negación del proyecto de globalización en su sentido más pleno (Rowe, 2003).

Esta novedosa interpretación teórica se fundamenta, en esencia, en la propia evidencia empírica que se viene acumulando en las dos últimas décadas al estudiar los procesos sociales que están conduciendo a que los equipos de deportes de gran impacto mediático, representativos de ámbitos nacionales o locales, se conviertan en mecanismos adaptativos que sustituyen a los deteriorados símbolos tradicionales que han sido durante muchos siglos fuentes incuestionables de identidad social. Al haberse convertido el deporte de alto nivel en una especie de religión civil profana (Giner, 1987), no resulta apropiado continuar utilizando el argumento del deporte como un ejemplo de avance de los procesos de globalización y posmodernidad.

Ahora bien, un rechazo de esta índole se apoya en una concepción sesgada y mitológica acerca del significado que debe atribuirse verdaderamente a las nociones de globalización y posmodernización. Y es que el vasto proceso histórico que determinan los avances de la globalización y de la posmodernización, a lo que están conduciendo realmente es a que el mundo empiece a ser uno y diverso a un tiempo, por lo que se debe reconocer que la globalización no es un proceso superador de lo local, y que lo local no es una oposición o resistencia a lo hegemónicamente global (García Ferrando, 2005).

Lo que está ocurriendo, siguiendo esta nueva óptica teórica, es más bien lo contrario, ya que lo cosmopolita no puede darse sin lo local, y que la emergencia de todas las identidades nacionales, que sería la forma más común y destacada de particularismo en el mundo moderno, se viene produciendo como parte de un proceso esencialmente universal. Es por ello que algunos sociólogos vienen insistiendo en que la globalización ha implicado la reconstrucción, y en cierto sentido la producción de “localidad” y “comunidad”, por lo que lo local puede ser considerado como un aspecto de la globalización, ya que ésta presupone la simultaneidad y la interpretación de lo que convencionalmente se denomina lo global y lo local, esto es, de la glocalización, en tanto que proceso mediante el cual las demandas y fuerzas globales se conforman o adaptan a las condiciones locales (Robertson, 1992; Cohen y Kennedy, 2000; García Ferrando, 2005).
Desde este marco interpretativo, se puede considerar al sistema deportivo que viene surgiendo del avance de la globalización como la interconexión de muchos sistemas deportivos locales, interconexión que no presupone, en absoluto, la homogeneización de todas las formas y manifestaciones del deporte. A este respecto, conviene recordar la paradoja de la competición olímpica, símbolo del gigantismo globalizador del deporte, pero que desde sus inicios a finales del siglo XIX, no ha dejado de estimular el patriotismo de las naciones participantes sin que ello haya sido un impedimento para reforzar el internacionalismo que siempre ha acompañado a la extensión del movimiento olímpico (Mandell, 1986).

Desde esta nueva perspectiva teórica glocalizadora se puede hablar de un modelo europeo occidental de deporte, con su estructura piramidal, sistema abierto de ascensos y descensos, y una financiación mixta pública y privada, cuando se compara con el sistema americano de deporte o con el modelo, en vías de desaparición, socialista-soviético de deporte (Comisión Europea, 1989). Sin embargo, cuando se analizan individualmente los sistemas deportivos de cada uno de los países que integran la Unión Europea, aparecen diferencias notables de carácter local-nacional que aparentemente invalidan la tesis de un modelo europeo de deporte (Heinemann, 1999). El sistema deportivo español y el alemán, por ejemplo, sólo se pueden considerar integrantes de un modelo europeo común cuando se comparan con los modelos norteamericano o chino de deporte, pero ello no impide reconocer las profundas diferencias que existen entre las culturas deportivas, niveles de práctica y asociacionismo de Alemania y España.

1.2.3.    Valores materialistas y posmaterialistas en los hábitos deportivos de la población

Dada esta aparente dualidad de lo global y lo local en el sistema deportivo, se necesitan enfoques teóricos que faciliten la interpretación de los comportamientos frecuentemente de carácter paradójico que se observan en el sistema deportivo español, al igual que ocurre en otros sistema deportivos nacionales europeos, y en los propios resultados que ofrecen las encuestas sobre hábitos deportivos de los españoles. Ya hemos señalado anteriormente el enorme desarrollo experimentado por el deporte español de alta competición en su doble vertiente profesional-espectáculo y de alto nivel-olímpico en las dos últimas décadas, que no ha venido acompañado de un incremento similar en el número de ciudadanos que hagan deporte, y que sitúan al nivel de práctica deportiva popular por debajo de los niveles de prácticas de otros países europeos con niveles de deporte de alta competición por debajo del español.

Otros resultados que podrían aducirse para glosar las peculiaridades del sistema deportivo español hacen referencia al notable incremento de los equipamientos deportivos de carácter público y privado, y al lento desarrollo del asociacionismo deportivo dirigido a la práctica deportiva. También podría destacarse que los porcentajes de población que abandonan la práctica deportiva en un momento dado son superiores a los porcentajes, por separado, de los que hacen deporte de forma satisfactoria y suficiente, y de los que hacen deporte con cierta frecuencia pero por debajo de lo que consideran deseable.

Tampoco conviene olvidar que el nivel de práctica deportiva femenina, pese a su incremento en las dos últimas décadas, continúa manteniendo su diferencial de práctica con el correspondiente nivel masculino. Es de destacar también que el deporte más practicado, el fútbol, y que es además el espectáculo deportivo que moviliza el mayor volumen de recursos económicos y publicitarios de todo el deporte español, no ha conseguido todavía formar una selección nacional que alcance con regularidad clasificaciones destacadas en los campeonatos internacionales, así como tampoco ha conseguido popularizar la práctica de este deporte entre las mujeres, al contrario de lo que ocurre en otros países que no tienen ligas profesionales masculinas tan potentes como la española pero que han conseguido popularizar el fútbol femenino, como sería el caso de Australia, Estados Unidos y China.

De los diversos enfoques teóricos que se utilizan actualmente para interpretar y explicar los procesos sociales que hacen avanzar la globalización, el que consideramos más apropiado para ser utilizado en el espacio social que delimita el sistema deportivo es el desarrollado por Ronald Inglehart, que postula la teoría del cambio desde los valores materialistas a valores posmaterialistas entre la población, a medida que las sociedades van alcanzando cuotas superiores de desarrollo material y estabilidad social y política (Inglehart, 1998).

El posmaterialismo designa el conjunto de metas a las que la gente da importancia después de haber alcanzado un cierto nivel de prosperidad y seguridad económica. En este proceso, las prioridades valorativas de las personas cambian desde el logro de la seguridad económica y bienestar material a objetivos de calidad de vida y de autoexpresión, que refuerzan el individualismo de los ciudadanos de las sociedades más desarrolladas. Inglehart insiste en que el cambio no presupone una inversión de prioridades. Y es que tal como destaca este autor para desalentar interpretaciones equivocadas, el término posmaterialista denota un conjunto de metas a las que la gente da importancia después de haber alcanzado una seguridad material y porque ha alcanzado esa seguridad material. Nuestra teoría, puntualiza Inglehart, “implica que se está produciendo un cambio intergeneracional en las prioridades, no que la gente ya no valore la seguridad económica” (Inglehart, 1998: 63).

El desarrollo económico que ha propiciado la modernización, lleva con su extensión a la posmodernización, cuyo proyecto central consiste en maximizar la eficiencia económica y el bienestar individual siguiendo valores posmaterialistas, que son los mejor estudiados hasta ahora en el amplio campo de enfoques teóricos dedicados a estudiar y reflexionar sobre la posmodernización. Un proceso éste que siguiendo la interpretación de Inglehart comporta un alejamiento de la autoridad burocrática, y una apuesta por la calidad de vida, la autonomía individual, la diversidad cultural, la autoexpresión, la individualización, el reconocimiento de lo estético y una nueva mirada hacia el pasado.

Trasladando esta interpretación al sistema deportivo, se puede diferenciar entre comportamientos deportivos de orientación materialista/moderna y los de orientación posmaterialista/posmoderna. Los primeros han impulsado, y continúan haciéndolo en la medida en que persisten, el deporte de competición amateur de carácter tradicional y masculino, con su énfasis en el entrenamiento disciplinado y competitivo por la propia satisfacción que produce el desempeño deportivo -lo importante es participar y no tanto ganar-, alejado en buena medida de recompensas económicas que sólo se concentran en unos pocos deportes profesionales de escaso carácter olímpico.
Los valores de orientación posmaterialista vienen impulsando en los últimos años del siglo XX, y continúan haciéndolo en estos comienzos del siglo XXI, nuevas formas de practicar y vivir el deporte. Por lo que se refiere a la propia práctica, cada vez son más dominantes los desempeños recreativos y ociosos, buscando nuevas experiencias más allá del deporte tradicional y federativo de competición. Los llamados deportes californianos, los deportes de riesgo y de aventura en la Naturaleza, las prácticas orientadas al mantenimiento o logro de una buena forma física y apariencia corporal, son ejemplos de estos deportes posmodernos. Como lo son también los nuevos espectáculos deportivos, incluso con deportes tradicionales como el fútbol, que bajo la búsqueda de eficiencias económicas, vienen adoptando técnicas de gestión y promoción similares a las de cualquier otro producto de consumo de masas.

De este modo, el deporte de masas y las prácticas deportivas individualizadoras caracterizan, entre otras facetas, al actual sistema deportivo español, que continúa no obstante siendo continuador de una limitada tradición y débil cultura deportiva, como las que se pueden encontrar en otros países nor y centroeuropeos. Una limitada cultura deportiva que viene lastrando el moderado crecimiento, cuando no  estancamiento, de las prácticas deportivas de la población española. En este último sentido, lo local aflora y permanece en el rutilante espectáculo mediático y posmoderno del deporte de alto nivel, de las prácticas físico-deportivas del “wellness y fitness” y de los deportes de riesgo y aventura en la Naturaleza. Una inercia local que dificulta, cuando no impide, una mejora de la cultura deportiva, en su sentido más amplio y profundo, en España.

Para finalizar esta breve reflexión teórica, puede ser de interés recordar otros dos rasgos del sistema deportivo español que han aparecido de forma recurrente en las anteriores encuestas sobre los hábitos deportivos de los españoles. El primero de ellos hace referencia a la variable que mejor predice la práctica o no de un deporte, que no es otra que los padres hayan o no practicado o continúen o no practicando ellos mismos algún tipo de deporte. En la encuesta de 2000, el 60% de los que han tenido o tienen padres que hagan deporte hacen ellos mismos deporte, en tanto que sólo el 30% de los que tienen padres no practicantes hacen ellos mismos deporte. Una relación, pues, de dos a uno.

Dada la debilidad de la socialización deportiva en el sistema escolar y laboral español, el factor más importante para desarrollar una cultura deportiva de prácticas personales continúa siendo el hogar de procedencia. Esta situación no facilita precisamente la extensión de los hábitos deportivos en capas más amplias de población, ya que son más numerosos los individuos que tienden a reproducir los hábitos internalizados en los hogares de procedencia,  que en su mayor parte tienen escasa cultura deportiva, que aquellos otros individuos que desarrollan nuevos hábitos de carácter deportivo, diferentes de los adquiridos en el hogar familiar.

El segundo resultado se refiere a la falta de tiempo libre como el motivo más citado para no practicar deporte o por haberlo abandonado. Es cierto que la falta de tiempo es un argumento difuso que encubre otros motivos más complejos, pero no deja de ser cierto que la prosperidad económica de la España moderna y posmoderna se apoya en unos horarios de trabajo más amplios que los que cabe encontrar en otros países europeos más avanzados. El doble trabajo o las jornadas laborales más allá de los horarios que aparecen en los convenios laborales, son prácticas habituales en el mercado de trabajo español. Prácticas que no parece que vayan a remitir en una sociedad en la que aproximadamente el 80% de los hogares tienen vivienda en propiedad, que se viene pagando en muchos de ellos mediante hipotecas que obligan a mantener una elevada dedicación al trabajo para poder costearlas. Una dedicación al trabajo que reduce la disponibilidad de tiempo libre que es el que se necesita para practicar con regularidad actividades físico-deportivas, actividades estas últimas que son, sin embargo, cada vez más necesarias para compensar el carácter sedentario y estresante de los trabajos que realiza la mayor parte de la población activa española.

Dado que las características del clima socioeconómico que ha disfrutado la sociedad española en el periodo transcurrido entre 2000 y 2005, están siendo muy similares a las del quinquenio anterior, cabe avanzar la hipótesis por lo que se refiere a la presente encuesta de 2005 sobre los hábitos deportivos de los españoles, de que los resultados que se vayan a obtener van a ser una continuidad de los correspondientes  a la encuesta de 2000, sin apenas puntos de discontinuidad más allá de los que cabe anticipar por los ambivalentes avances de los valores posmodernos, en un contexto social en el que la mejora del bienestar económico de la población no viene acompañada de una mayor disponibilidad de tiempo libre ni de un cambio sustancial en la débil cultura deportiva.

1.3.    Apunte metodológico

La presente encuesta 2005 ha sido realizada, al igual que la anterior de 2000, por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) con el patrocinio del Consejo Superior de Deportes.

Tal como hemos señalado en la presentación de los resultados en anteriores encuestas, la amplia y contrastada experiencia del CIS en este tipo de trabajos y el rigor que despliega en todas las fases de preparación de la encuesta y en el tratamiento de la información obtenida en el trabajo de campo, son garantes de la fiabilidad de los resultados obtenidos en la presente encuesta de ámbito nacional, cuyos datos constitutivos se presentan en la siguiente Ficha Técnica:
 
Ámbito:
Nacional. Se incluyen las provincias insulares y Ceuta y Melilla.
Universo:
Población española de ambos sexos de 15 a 74 años
Tamaño de la muestra:
Diseñada: 8.493 entrevistas
Realizada: 8.170 entrevistas
Afijación:
No proporcional
Puntos de muestreo:
389 municipios y 52 provincias
Procedimiento de muestreo:
Polietápico, estratificado por conglomerados, con selección de las unidades primarias de muestreo (municipios) y de las unidades secundarias (secciones) de forma aleatoria proporcional, y de las unidades últimas (individuos) por rutas aleatorias y cuotas de sexo y edad.
Error muestral:
Para un nivel de confianza del 95,5% (dos sigmas) y P=Q, el error real es de + 1,11% para el conjunto de la muestra y en el supuesto de muestreo aleatorio simple.
Fecha realización del trabajo de campo:
Del 18 de marzo al 25 de abril de 2005

Al haberse realizado una afijación de la muestra no proporcional, con el objeto de que se realizaran más de 200 entrevistas en las Comunidades Autónomas menos pobladas al tiempo que se reducía el número de entrevistas, dado el elevado tamaño muestral que les corresponde estadísticamente, en las Comunidades más pobladas, ha sido necesario aplicar los coeficientes de ponderación siguientes:

CUADRO 1. Distribución muestral y coeficientes de ponderación
Comunidad Autónoma Muestra bruta Ponderación Muestra final
Andalucía 1.010 1,421 1.435
Aragón 296 0,784 232
Asturias 203 1,034 210
Baleares 294 0,619 182
Canarias 582 0,633 368
Cantabria 299 0,355 106
Castilla-la Mancha 349 0,959 335
Castilla-León 420 1,12 470
Cataluña 915 1,405 1.286
Comunidad Valenciana 916 1,304 857
Extremadura 296 0,403 199
Galicia 471 0,672 529
Madrid 794 1,124 1.116
Murcia 256 1,406 239
Navarra 292 0,932 110
País Vasco 398 0,376 414
Rioja 279 1,041 55
Ceuta 53 0,196 14
Melilla 47 0,262 12


Los cuestionarios se han aplicado mediante entrevista personal en los domicilios. La versión completa del cuestionario se incluye en el Apéndice Metodológico del presente trabajo, y es similar a los cuestionarios utilizados en las encuestas anteriores llevadas a cabo desde 1980, los cuales siempre han incluido además, los indicadores referentes al interés por el deporte y prácticas deportivas que se utilizaron en el cuestionario de la encuesta de 1975. De este modo se continúa ampliando con el presente trabajo las series históricas acerca de los hábitos deportivos de los españoles, y se mantiene el análisis comparativo que venimos realizando en el último cuarto de siglo.

Con el fin de poder estudiar los cambios que han tenido lugar en los últimos cinco años, se han añadido con respecto al  cuestionario del 2000  nuevos  indicadores  -objetivos o valores que la gente considera importantes, opinión sobre el doping en el deporte, y uso de medicamentos destinados a mejorar las prácticas físico-deportivas-, y se han modificado otros, como los referentes al asociacionismo deportivo y los usos del tiempo libre, con el fin de mantener actualizado el tratamiento de los aspectos más novedosos del sistema deportivo español.